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Convertir el calvario de la enfermedad en una experiencia resiliente

CONSEJO

Giacomo di Falco

De: Giacomo di Falco

Publicado hace 6 mes

"El anuncio de un diagnóstico de asma es, en ocasiones, un calvario que irrumpe en la cotidianidad de la vida. Sin embargo, como en otras situaciones similares, detrás de un episodio difícil puede abrirse "una puerta" a otra versión de nosotros mismos: una versión mejorada, reforzada y "engrandecida".

Es precisamente cuando trabajamos nuestra capacidad de aceptar un estado, aunque parezca inaceptable al principio, cuando será posible "transformar" una situación concreta en una experiencia resiliente. Es decir, en una prueba que nos enseñe alguna cosa que nos permita avanzar en la vida en lugar de amargarnos nuestra existencia.

Pienso en una paciente, María, que me dijo un día durante una consulta, después de varios meses de tratamiento: "afortunadamente esta enfermedad llegó a mi vida". Puede parecer increíble, pero esta prueba le enseñó a no dejarse abrumar por el tiempo y a estar plenamente disponible para sus seres queridos, cosa que antes no hacía.

La prueba también puede ser una puerta para comprender algo importante que a menudo dejamos de lado durante gran parte de nuestras vidas. Y en esto, si consideramos posible aceptar la realidad tal como es, ganaremos en recursos, así como en lucidez y "presencia".

Algunos de mis pacientes me dicen, por ejemplo, que tras el anuncio del diagnóstico viven con el sentimiento de tener una espada de Damocles sobre sus cabezas. También se lamentan de no poder recuperar su vida anterior, cuando estaban "despreocupados".

Pero existe una poderosa palanca para calmarnos en este calvario: entender que esta espada de Damocles es una realidad que nos concierne a todos desde el momento en que nacemos, y que de hecho ya estaba presente mucho antes de que apareciera la enfermedad en nuestras vidas.

Entender y aceptar esto supone aprender a barrer el miedo de nuestra realidad, a vivir la propia vida y a considerar que el diagnóstico no ha cambiado básicamente nada en relación a nuestra vida anterior. La despreocupación es una ilusión y querer recuperarla es una intención sin sentido, pues nunca vivimos despreocupados. Los niños también tienen sus dramas, a su propia escala: algunos lloran a mares porque han perdido un juguete. Cuando tienes veinte años, también hay muchas cosas que te molestan. Sólo cuando las dificultades quedan atrás comprendemos que resultan más fáciles de superar de lo que parecían.

Cambiar las creencias tóxicas por pensamientos más positivos es cuestión de práctica. En cierto modo, nuestros pensamientos se alimentan de sí mismos, y cuanto más nos obsesionamos con una creencia tóxica, como por ejemplo, "antes era mejor", más pasa por nuestro cerebro y más se convierte en parte de nuestra vida.

Para recuperar con regularidad un espacio de calma en todo este barullo mental, es necesario intentar concentrarse varias veces al día en aquellas cosas sobre las que uno habitualmente no pone el foco: abrir la ventana, por ejemplo, y seguir la trayectoria de un pájaro. O prestar atención a una hormiga que trepa por la pared. ¡O quizás otra cosa! Es preferible focalizar la atención en los acontecimientos que son, a priori, insignificantes, antes de continuar sobrecalentando nuestro cerebro con una avalancha de pensamientos tóxicos."

Giacomo Di Falco

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